19/10/13

La luciérnaga y la mariposa


Una vez había un campo de coles: coles por aquí, coles por allá, coles grandes, coles pequeñas, coles verdes, coles más verdes. Coles y más coles.
Una tarde, una mariposa que acababa de estrenar sus alas escogió este campo de coles como lugar de preubas para practicar el vuelo: volaba por aquí, volaba por allá, volaba alto, volaba bajo, volaba deprisa, volaba despacio. La cuestión era aprender avolar.
Aquel bello atardecer acertó a pasar por allí una luciérnaga que llevaba una farolillo de luz.
Cuando la mariposa descubrió aquel pequeño haz de luz en medio del campo, se sintió muy contenta: ¡Qué bien! El farolillo le serviría de guía.
-Luciérnaga -dijo la mariposa-, alúmbrame el camino con tu luz, por favor. Como soy una mariposa nueva no me oriento muy bien.
Pero aquel atardecer, la luciérnaga estaba de broma y, en lugar de tener su farolillo encendido, hizo todo lo contarrio.
-¡Clac! -lo apagó-
Como empezaba a oscurecer, la mariposa se desorientó.
-¡Mariposa! -llamó la luciérnaga.
-¿sí? -contestó ésta, esperando una ayuda por parte de la luciérnaga.
-¿Sabes que te digo? ¡Que no te fíes de mi, que soy muy bromista! -dijo la luciérnaga.
-¿Luciérnaga? -llamó la mariposa.
-¿Sí? -contestó, esperando una llamada de socorro por parte de la mariposa.
-¿Quieres saber una cosa? ¡No me das ningún miedo! -exclamó la mariposa.
Y la luciérnaga contestó encendiendo el farolillo.
-¡Clic!
-¡Vaya! -contestó la mariposa-. Ahora ya sé dónde estás. ¡Apártate que voy a por ti!
-¡Clac! -y la luciérnaga volvió a apagar el farolillo.
Luego empezó un concierto de ¡clic! ¡clac! ¡clic! ¡clac! y la luciérnaga y la mariposa se pusieron a jugar a las persecuciones.

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