5/11/13

Un hombrecillo en la caja de cigarros

Un día, a Lucas le sobraba una pluma estilográfica de tinta roja como la que tienen los profesores. Así es que se fue a un rincón del patio y dijo en voz alta:
- Cambio una magnífica pluma de tinta roja. ¿Quien tiene algo interesante?
Juanito Gorrión, de 4º A, tenía algo.
- Mira, ven. En esta caja de cigarros hay un hombrecillo. ¡Atento! ¡Escucha! ¿Oyes algo?
Lucas pegó el oído a la caja de cigarros y oyó que el hombre hacía:
Ssstaptapsss.
¡Era fantástico, porque, como todo el mundo sabe, los hombrecillos existen!
Juanito añadió:
- Cuando te toque decir la lección y el profesor te pregunte algo y no lo sepas, coges la caja a escondidas, te la acercas al oído y el hombrecillo te lo sopla. 
Pero no la puedes abrir nunca jamás. Si lo haces, todo se acabará.
A Lucas le interesaba el cambio, pero a Juanito una pluma de tinta roja le parecía poca cosa. Así que Lucas tuvo que añadir dos parches nuevos de bicicleta y un huevo de paloma. Al fin, los dos sellaron el trato con un apretón de manos y una palmada en el hombro. 
Después del recreo, en clase de cálculo, el profesor preguntó:
- ¿Cuántas son once más uno entre cuatro?
No le tocó contestar a Lucas, sino a otro que se llamaba Benito Ajo. Pero Lucas se acercó a escondidas la caja al oído sólo para probarla.
- Brrrtrrreees.
Lucas no conseguía entender nada, pero cuando Benito Ajo dijo "tres" y acertó, Lucas se acordó de que el hombrecillo había dicho "brrrtrrreees". 
¡Era fantástico!
- ¿Cuántas son dos más tres más ocho menos seis? - preguntó luego el profesor. 
Lucas puso rápidamente el oído junto a la caja sin que se le notara y oyó:
- Smsmsmsmsmsiete.
¡Siete, claro! Lucas levantó el dedo rápidamente y cuando el profesor le preguntó, dijo:
- Siete.
Y Lucas acertó.
Una vez en casa, a Lucas le apetecía hablar personalmente con el hombrecillo. ¡Quería preguntarle tantas cosas! Lucas sabía que no podía, ya que la fórmula mágica consistía en no abrir nunca la caja. Pero por la noche ya no pudo resistir más.
˂˂ En la oscuridad, seguro que no importa tanto ˃˃, pensó.
Así es que abrió la caja a oscuras...
En ese momento oyó un zumbido que subía por el aire y desaparecía en la oscuridad. Volaba igual que un abejorro gordo. Y entonces todo terminó.
  

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