12/9/13

El abuelo Hércules


La casa del abuelo Hércules es fabulosa. Tiene dos pisos y un desván y está llena de rincones y recovecos. Es perfecta para jugar al escondite y para ocultar tesoros secretos.
Lo mejor de la casa es el desván. El desván es chulo, chulo, chulo. Está lleno de polvo, de muebles antiguos y de viejos inventos del abuelo. Porque mi abuelo Hércules es inventor. Bueno, lo era de joven. Inventor y explorador. Y de los buenos, ¿eh?
Me gusta muchísimo subir al desván a investigar y revolver en los rincones llenos d ropa antigua. Pero aún es más divertido cunado el abuelo me acompaña y me explica allí sus aventuras. Para ambientarse, se disfraza con algunos de sus viejos trajes de explorador y cuenta sus andanzas por todo el mundo con voz emocionada y moviendo muchos los brazos.
Una de las aventuras que más le gusta contar a mi abuelo es su viaje a la Antártida. No hay verano que no me la explique de pe a pa. Menos mal que siempre se inventa cosas nuevas y eso la hace más interesante. Más o menos es así:
-Hace cuarenta y cuatro años organicé una expedición científica a la Antártida. La "1ª Expedición Antártida Hércules". Por cierto, ¿sabes donde está la Antártida, Esteban?
-Sí, abuelo. En el polo Sur. Y hace siempre un frío que te pasmas.
-Exacto. Muy bien. 
-¿Cuántas personas componían la expedición, abuelo?
-¡Ejem! Pues... Íbamos a ser doce pero uno empezó que si me duele la tripa, otro que si ahora no me viene bien, otro que si mi mujer no me deja... Total, que me quedé solo.
-¡Ahí va! ¡Vaya plantón! ¿Y fuiste al Polo Sur tú solo?
-Yo solo.
¿Y cómo fuiste? ¿En trineo?
-¡No señor! Para aquella aventura diseñé y construí un aparato revolucionario; único en el mundo; mi más fabuloso invento: Un vehículo capaz de navegar por el fondo del mar y por encima de los bloques de hielo; sobre el barro y sobre la nieve: ¡El "AnfibioTractor Antártico Hércules"!
Y señala un cachorro tremendo, una especie de sopera gigante con ruedas de tractor, completamente cubierto de polvo, arrinconado en el desván y con la parte delantera muy abollada.
-¡Soplaaaa! exclamo yo, como si fuera la primera vez que lo veo, aunque lo conozca de memoria. ¿Y qué? ¿Conseguiste llegar a la Antártida?
-Casi, casi. Un imprevisto trastornó por completo mis planes. Iba yo en el "Anfibio-Tractor", navegando tan tranquilo por el fondo del océano Antártico, cuando una tormenta magnética estropeó mi brújula. A causa de este problema, anduve perdido más de un mes, dando vueltas como un tonto. Salí varias veces a la superficie pero nunca me encontraba en el Polo Sur.
-¿Qué ocurrió al final, abuelo?
-Después de dos meses de andar perdido por el fondo de siete mares, tuve la desgracia de chocar con el batiscafo del profesor Tiselius.
-¿El profesor Tiselius?
-Sí. Era un ruso que estaba loco como una cabra. En aquella época estaban muy de moda los récords submarinos. Tiselius quería ser el primer hombre en bajara una profundidad de diez mil metros vestido con un pijama de rayas. Pero se tropezó conmigo. El accidente me abolló toda la aleta delantera del Anfibio-Tractor.
-Pero Tiselius, animaaal... ¿no has visto que vengo por mi derecha?¿Dónde te han dado el carné de basticafero?
-Niet, tovarich Herculoff. Paprika solschenitsyn Moskova.
-Sí, claro, pero ahora ¿quién me paga a mí el bollo? ¡A ver! Porque tú seguro, seguro que no tienes seguro.
-Da, da, tovarich. Spassiva kremmlin seguroff.
-Total, que me tuve que volver a casa con el Anfibio-Tractor estropeado y sin haber conseguido llegar a la Antártida. ¡ Me dio una rabia!
Y mi abuelo, al recordar aquel fracaso, muerde con furia su bastón. Con tanta furia lo muerde que su dentadura postiza suele quedarse clavada en la madera. Y mientras intenta desclavarla con ayuda de unos alicates, me dice siempre lo mismo:
-Fero algún fía folferé a infenfarlo. Algún fía refararé el "Anfifio.Fractor Anfárfico Héfules" y lo fonseguiré. Fe lo frometo, Esfefan.
Así es mi abuelo: un fenómeno.

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