22/3/16

La Esfinge


Hace mucho tiempo, los habitantes de Tebas vivían atormentados por una fiera implacable llamada la Esfinge. Esta fiera tenía cara de mujer, garras de león y alas de águila. Permanecía agazapada en lo alto de una roca, desde donde detenía a todos los viajeros que pasaban y les proponía un enigma. Quienes acertaban podían continuar su camino tranquilamente, pero los que fallaban morían. Nadie había conseguido resolver el acertijo.
Un día un viajero llamado Edipo llegó a Tebas, la ciudad de las siete puertas, donde halló a toda la gente lamentándose, afligida a causa del terrible monstruo.
- ¿Cuál es ese enigma que nadie es capaz de resolver? - preguntó.
- Nadie puede decirlo - respondieron -, porque quien desee resolverlo ha de subir a la roca donde se encuentra el monstruo. 
Edipo subió con audacia a la roca, donde el monstruo aguardaba para saltar sobre su presa. A pesar de su valentía, el corazón le latió con fuerza cuando lo miró. Y es que en ese primer momento le pareció un enorme pájaro con grandes alas de bronce y oro. Los rayos de sol se reflejaban en ellas, formando una aureola de luz en medio de la cual la cara le brillaba tan pálida y hermosa como una estrella al amanecer. Sin embargo, cuando la Esfinge observó que se acercaba Edipo, los ojos se le iluminaron con el fuego de la avidez, sacó sus crueles garras y sacudió bruscamente la cola como un león encolerizado. Pese a ello, Edipo habló con serenidad:
- He venido a oír tu famoso enigma y a resolverlo o morir.
- Hombrecillo temerario, al ver tu joven y hermosa cara y tus jóvenes y tiernos miembros, he de decir que los dioses han tenido a bien enviarme hoy un bocado exquisito.
Dicho esto se relamió los labios sin compasión.
- Vamos, dime el acertijo, condenada furia, para que pueda resolverlo y librar a la región de este azote.
Esto es lo que el monstruo preguntó:
- Al amanecer se arrastra a cuatro patas, a mediodía camina con dos y al atardecer y por la noche se tambalea con tres. ¿Cuál es este animal, que nunca es el mismo y no es muchos sino uno?
La Esfinge había enunciado el enigma con lentitud, mirándolo fría y cruelmente con los ojos brillantes.
"Ahora es cuando mis conocimientos y mi ingenio deben serme útiles - pensó Edipo -. De lo contrario, habré hablado con los hombres más sabios y aprendido los antiguos secretos de Fenicia y Grecia en vano."
Los dioses que le habían dado la inteligencia le iluminaron el corazón y respondió con audacia:
- ¿Qué criatura puede ser sino el hombre, oh, Esfinge? Pues durante el amanecer de su vida es un niño desvalido que se arrastra a gatas; a mediodía camina erguido con la fuerza de la juventud, y por la noche, al andar con sus tambaleantes miembros, se apoya en un bastón, que constituye el sostén y el soporte de la vejez.
¿No he adivinado la respuesta a tu famoso enigma?
Lanzando un fuerte grito de desesperación y sin darle respuesta alguna, la enorme fiera saltó de la roca sobre la que estaba y se arrojó al abismo que se abría a sus pies.

1 comentario:

  1. Este cuento es excelente. Cuando lo leí me quedé encantada. Voy compartir con amigos y familiares. A sus hijos les encantará.

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