11/11/13

La niña espinaca

Claudia tiene ocho años. Le gusta ir al colegio, jugar con sus amigos, ayudar a mamá... Lo único que no le gusta es come verduras.
-Hay que comer de todo -le dice su mamá.
-No quiero espinacas -lloriqueó Claudia.
-¡Toc, toc, toc!
Mamá abrió y...
-Soy el mago Espinacón y vengo a ver si Claudia se ha comido las espinacas.
-No pienso comerlas -insistió la niña.
-¿No? ¡Pues fíjate bien! ¡Uno, dos, tres! -contó el mago.
En ese momento, una nube de humo verde inundó la habitación. Cuando el humo desapareció, Claudia ya no era la niña de antes. Ahora era una espinaca verde, con brazos y piernas verdes, con cabeza y pelo verde. Y el mago Espinacón había desaparecido.
la madre no podía creer lo que veía, pero pensó que no importaba, pues aunque Claudia fuera una espinaca, seguía siendo su hija.
Al cabo de un rato, Claudia volvió al colegio.
Todos la aceptaron con su nuevo aspecto, pero Claudia se sentía muy incómoda siendo espinaca. Se tropezaba al correr y tenía miedo que alguien la confundiera y la echase en la ensalada.
Cuando llegó la hora de cenar, mamá le puso en la mesa un plato de acelgas.
A Claudia no le apetecía comerlo, pero pensando en el mago Espinacón, las tomó a la velocidad del rayo.
En ese momento se oyó:
-¡Toc, toc, toc!
Don Espinacón entró y dijo:
-Así debes comer todos los días, haya lo que haya.
Contó de nuevo ¡uno, dos, tres!... y Claudia volvió a ser una niña.

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