12/2/15

El lobo tagón


Lobato es un lobo comilón. A todas horas tiene hambre. Hoy anda buscando comida porque apenas ha desayunado. Se esconde tras un matorral, esperando alguna presa. En esto, ve venir a un zorro. No es la comida que más le gusta, pero tiene tanta hambre que no puede ser remilgado, así que lo caza.
-¡No me comas, hermano lobo! -dice el zorro, asustado.
-Si no quieres que te coma, tendrás que buscarme algo para almorzar -contesta Lobato.
.Ven conmigo a aquella granja. Allí hay dos corderitos tiernos y jugosos que te encantarán.
Lobato y el zorro llegan a la granja y el lobo, de un bocado, se come a los corderos.
-Vámonos antes de que se despierte el granjero y nos descubra -dice el zorro.
-¡Ni hablar! Los cerditos me han sabido a gloria y quiero otro más.
El lobo se metió en el redil. Al verlo, un corderito empezó a balar con fuerza. El granjero lo oyó y fue a aver qué ocurría, armado con una estaca. Cuando vio al lobo, se lió a estacazos con él y lo dejó baldado.
-¡Ay, ay, ay! -se quejaba el lobo.
-Si no hubieras sido tan glotón, te habrías librado de la paliza del granjero -dijo el zorro.
-Pues yo sigo teniendo hambre y, si no me das algo de comer, tú me servirás de postre.
Entonces, el zorro llevó a Lobato a la cocina del alcalde. Estaban preparando unos pasteles para la fiesta del día siguiente. Cuando el cocinero terminó y salió de la cocina, el lobo se lanzó sobre ellos.
-¡Qué ricos están! -decía Lobato tragándose los dulces de dos en dos.
En su precipitación por comerse los pasteles, tiró las bandejas al suelo armando un gran estrépito. El cocinero apareció con una sartén en la mano y le propinó al lobo otra gran paliza.
Aprovechando que Lobato estaba atontado por los sartenazos del cocinero, el zorro salió pies para qué os quiero diciendo:
-¿No querías postre? Pues has tenido doble ración: pasteles y "tortas".

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